Tiene que haber una salida.
Tiene que haber una salida para cuando no tienes a dónde ir. Para cuando sientes que nada ni nadie es tu lugar seguro, tu hogar. Me gustaría saber dónde está la salvación en esos momentos. Cómo escapas de la rueda de la vida adulta, de la incongruencia de lo que te rodea. Dónde, en qué rincón, puedes encontrar algo que te empuje a flote. Cómo huir de la decepción, del desprecio, de las lógicas de abuso y poder, y de todo aquello que te ata. Dónde, en qué instante, puedes dejar de sentirte diminuta e insignificante, y volver a ser tú.
Tiene que haber una salida para tanto dolor. Para cuando te sientes profundamente sola a pesar de estar acompañada. Para cuando sientes que todo el mundo ha desaparecido, pese a seguir rodeada de gente.
Tiene que haber algo a lo que solo yo pueda recurrir, que solo yo sepa lo que es, cuando la vida me desborda. Algo que me calme, algo que me dé fuerzas. Algo que me salve. Tiene que haber algo dentro de mí, algo que sea ajeno a los demás, independientemente de su presencia o ausencia. Tiene que haber algo que me reconforte, siempre. Aunque esté yo sola. Precisamente porque esté yo sola.
Marta siempre dice que una tiene que aprender a convertrise en su propio hogar. A mí me gustaría serlo. Saber cómo abrirme la puerta y abrazarme nada más entrar. Darme un beso en la frente, decirme que todo va a estar bien, y si no lo está no pasa nada, nada es tan importante, me tengo a mí misma. Nos tenemos la una a la otra, la persona al hogar y el hogar a la persona.
A mí me gustaría ser mi propia ducha caliente, mi pijama y mis calcetines suaves, mis rezos y mi cama con sábanas de pelete. Mi mantita. Mi cobijo. Mi propio abrazo. Ser quien me acaricia el pelo y la cara mientras duermo. Ser lo que me arropa si tengo pesadillas. Ser lo primero que tengo nada más despertarme. Ser lo que me lleva, ser lo que me impulsa. A mí me gustaría ser mi propio hogar.
Pero aún no lo he construido, el proceso lleva tiempo. Aún estoy terminando de poner los cimientos. Ojalá en ese hogar haya una ventana por la que siempre entre el aire y la luz. Quizás uno de esos rayos lleve a una salida. Quizás en uno de esos rayos esté la salvación.
De momento, hoy, la he encontrado al escribir estas líneas. Solo necesitaba silencio. Apartarme del ruido, respirar, escucharme. Y volver a ser yo.